He estado perdida tanto rato del espacio cibernético que ya extrañaba la sensación de liberación desmesurada e impune que me produce siempre el hecho de escribir este blog. Mi ausencia del panorama bloguero se ha debido en su mayor medida a causas ajenas a mi voluntad, aunque también reconozco que estaba enclochada, a la espera de la luz verde para meter la primera velocidad. Esa luz verde la podría traducir en la esperanza que albergaba. Creí que si esperaba el tiempo suficiente podría contar aquí una historia diferente, sin embargo, para mi propia desilusión, ese tiempo parece que va a prolongarse más allá del límite de mi paciencia. Deduzco con pena que seguimos siendo un país de ciegos donde el tuerto es el rey, o su hermano, da lo mismo.
No soporto este conformismo inacabable, esta actitud de mártir masoquista generalizada. Me sacan de quicio los pasos de cangrejo derrotado.
Estuve acobardada durante unos meses. Cogí miedo de seguir escribiendo porque me volví consciente de que estaba manipulando “material explosivo” en mis posts, cruzando sin visa la frontera de “lo consentido”. Aunque aún no me he desprendido por completo de esa sospecha “psicológica” de perder todos los caramelos de la piñata, decidí acorralar el miedo en mi armario hasta nuevo aviso. El aviso será el click de la alarma de mi instinto de peligro, que autocontrola los grados de liberación en mi sangre.
La libertad tiene un rango de valores permisibles; “no debo pasar el máximo permitido”, me dicta la parte autómata del cerebro, esa que se engendró bajo las consignas pioneriles, las marchas del pueblo combatiente, los discursos vacíos y las evaluaciones ideológicas, no obstante, la parte racional de mi masa encefálica, la que está activa, potencialmente creativa, con tendencias liberales y opuesta a toda manifestación demagógica, pide con desespero que no la neutralice, dejándola fuera de juego. Me exige que la deje a su aire, sin cuotas de racionamiento auto impuestas, sin mecanismos bloqueadores que puedan dejarla noqueada en el primer round de esta “batalla de ideas” interior.
Ya no puedo escribir con la misma frecuencia de antes, pero intentaré de vez en cuando sortear las dificultades para postear algo aquí, aunque sólo sea para sentirme dueña mientras escribo de una libertad prestada. Tal vez así, por obstinación e insistencia puntillosa, se pueda abrir un pequeño agujero por donde empiece a desinflarse el globo tiranosáurico en el que nos tienen atrapados.